Esplendores del Potosí
"Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época de auge de la ciudad de Potosí. De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones; en 1658 para la celebración del Corpus Christi, las calles de la ciudad fueron desempedradas, desde la matriz hasta la iglesia de Recoletos, y totalmente cubiertas con barras de plata. En Potosí la plata levantó templos, palacios y monasterios (...) encendió la codicia y desató el despilfarro y la aventura. La espada y la cruz marchaban juntas en la conquista y el despojo colonial (...) Manantial de la plata de América, Potosí contaba con 120.000 habitantes según el censo de 1573. Solo 28 años habían transcurrido desde que la ciudad brotara entre los páramos andinos y ya tenía, como por arte de magia, la misma población que Londres y más habitantes que Sevilla, Madrid, Roma o París. Hacia 1650, un nuevo censo adjudicaba a Potosí 160.000 habitantes.
En 1545, el indio Huallpa corría tras las huellas de una llama fugitiva y se vio obligado a pasar la noche en el cerro. Para no morirse de frío hizo fuego. La fogata alumbró una hebra blanca y brillante. Era plata pura. Se desencadenó la avalancha española. Fluyó la riqueza.
El cerro, a casi cinco mil metros de altura, era el más poderoso de los imanes, pero a sus pies la vida resultaba dura, inclemente.
Algunos escritores bolivianos afirman, con excesivo entusiasmo, que en tres siglos España recibió suficiente metal de Potosí como para tender un puente de plata desde la cumbre del cerro hasta la puerta del palacio real, al otro lado del océano.
La imagen es, sin duda, obra de una fantasía, pero de cualquier manera alude a una realidad que, en efecto, parece inventada: el flujo de la plata hacia España alcanzo dimensiones gigantescas. "
Adaptado de : "Las venas abiertas de América Latina" (E. Galeano)
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